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Poda

Podar árboles frutales

Podar árboles frutales

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A continuación conoceremos a fondo cómo y cuándo podar árboles frutales. ¿Lo vemos?

La poda de árboles frutales difiere en gran medida del resto de podas que desarrollaremos en el jardín. El objetivo reside en obtener frutos de calidad, por lo que se trata de una poda necesaria para evitar que haya muchos frutos pequeños de poca calidad, pero si podamos excesivamente la producción de fruta puede ser nula. Por ello, hay que buscar el equilibrio entre crecimiento y fructificación.

La poda y guía de frutales se debe realizar desde el momento de la plantación. Formar frutales cuando ya son grandes es un gran esfuerzo y requiere tiempo y herramientas, mientras que un frutal joven se puede podar y guiar adecuadamente en un momento con unas tijeras de una mano. Debemos fomentar una estructura abierta de ramas que desarrollen a lo ancho, y quitar todas las ramas verticales o chupones, cuya única función es la de quitar vigor al árbol y, por tanto, a los frutos. La posición de un improductiva rama vertical puede cambiarse guiándola a una posición más horizontal, lo que reducirá su ritmo de crecimiento y fomentará la formación de yemas de flor y frutos.

Una vez que se ha dado la estructura al joven frutal, hay que podarlo todos los años quitando la madera improductiva, incrementar la luz que llega al resto de ramas y mantenerlo en el tamaño adecuado. La poda anual mantiene la madera fructífera productiva, y las plantas sanas y vigorosas. Cuando un frutal empieza a fructificar plenamente el crecimiento se ralentiza y, por tanto, la necesidad de poda también. La respuesta de un árbol a un corte de poda depende de dónde se ha hecho el corte. La poda de frutales y parras se basa en:

  • Aclaramientos: El aclareo quita ramas completamente, consiguiendo que el resto de ramas se beneficien de la energía remanente creciendo más vigorosamente.
  • Descabezamientos: El descabezamiento nos deja más yemas en cada rama que al crecer crearán una planta más compacta, ramificada y densa.
Partes de un árbol frutal

Entender las diferentes partes de los frutales es imprescindible para podar correctamente. Las yemas de las ramas gozan de una clara diferenciación, como muestra el gráfico. La poda correcta consiste en buscar un equilibrio entre frutos y hojas. Unas cuarenta hojas hacen que un fruto tenga suficiente calidad. Para lograrlo deberemos tener en cuenta antes de la poda cuántas yemas de flor y madera tenemos, y por tanto actuaremos en consecuencia buscando el equilibrio.

Yema terminal
La yema gorda del final de la rama es la que crece más rápido y vigorosamente. Si la cortamos, las yemas que quedan detrás se activan.

Yemas de follaje
Son las yemas triangulares planas del lateral de la rama. Para activar una yema de follaje hay que cortar la rama justo por encima de la yema; así crecerá una rama que producirá hojas.

Yemas de flor
Son las yemas gordas que darán paso a las flores, y son las primeras que se hinchan en primavera.

Dardos
Las pequeñas ramas coronadas con yemas de flor que crecen sobre las ramas más viejas. Después de producir las flores y de que recojamos la fruta hay que conservarlas, ya que garantizan la fructificación anual.

Cicatriz estacional
El anillo sobre la rama marca el comienzo del crecimiento después del periodo de reposo.

Cuándo podar

El mejor momento para podar los frutales es después del período de reposo o dormancia, al final del invierno, antes de la brotación primaveral cuando la savia ascendente ya está hinchando las yemas. En este momento las heridas que se hayan podido producir con la poda cicatrizarán inmediatamente evitando consecuencias no deseadas. La poda se puede retrasar hasta una semana después de la floración con un daño mínimo para el frutal.

Otro período en el que podemos podar el frutal es durante el verano y el otoño. En esta época nos limitaremos a pinzar los brotes más vigorosos para provocar la aparición de ramas laterales menos vigorosas y portadoras de yemas de flor. 

Si queremos reducir el vigor de un determinado frutal demasiado vigoroso debemos podarlo de principios a mediados de agosto. Para obtener frutos de calidad retiraremos las hojas que sombrean el fruto. La poda a finales de otoño y principios de invierno es la menos adecuada ya que las heridas quedarán expuestas hasta finales de invierno, que es cuando empezarán a cicatrizar, lo que puede provocar ataques de hongos y heridas por heladas.

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